lunes, 9 de marzo de 2015

¿Se puede llorar?

Hace poco una persona muy querida, me preguntó si Yo lloraba…

Respondí que efectivamente si lloraba y que de hecho soy mas llorón que el típico hombre. Al principio suena como una pregunta boba, pues ¿Todo el mundo llora, verdad? La realidad es que debe haber quienes no lloren, pero les garantizo que son lo menos.

Lo que si es una realidad es que, de acuerdo al género (masculino o femenino) o situación, el llorar es símbolo de fortaleza, debilidad, sensibilidad, inmadurez y hasta de felicidad.

De la misma manera que a los niños nos enseñaron a jugar rudo, con carros y monstruos, a ensuciarnos, a decir malas palabras y a tantas otras cosas “típicas de los hombres”, también nos enseñaron a no dejarnos ver cuando llorábamos;  a las mujeres por su parte, les enseñaban a jugar con muñecas, a cocinar, a coser, a ser delicadas, a no maldecir y efectivamente, que estaba bien llorar cuando se caían, se raspaban o sus amiguitos la lastimaban.

Con el tiempo, varios de nosotros hemos ido aprendiendo a superar los estereotipos y no ser tan rudos (cómo cuesta), a demostrar afecto y cariño, a ser responsables, a jugar con muñecas y a comer y tomar el té con ellas (los que hemos tenido la suerte de tener hijas) y también a llorar…

Me he convencido que aceptar que puedo llorar, inclusive en público, no es símbolo ni de fragilidad y ni de falta de hombría, esto último es fácilmente  comprobable. También nos ha tocado aprender cuando y por qué llorar. Si me preguntan a todos los hombre se nos arruga el corazón cuando vemos con problemas o en aprietos a algunos de nuestros vástagos, cuando no podemos cumplir una obligación que los involucre a ellos, cuando recibimos una mala noticia, como por ejemplo, la muerte de nuestros padres y hasta cuando una desilusión amorosa nos golpea mas fuerte de lo esperado.

Infortunadamente, a los hombres nunca nos prepararon para no ser el “supuesto sexo fuerte”. Nunca nos prepararon para sufrir. Nunca nos dijeron que la vida nos presentaría golpes y retos, muchos de los cuales nos costaría mucho mas superar que los otros. Nunca nos advirtieron que unas niñitas nos robarían el corazón y nunca mas nos lo devolverían. En conclusión, nunca nos dijeron que podríamos llorar…

A las mamás de esos niños que hoy crecen mas enfrentados a los juegos electrónicos que a los buenos consejos, deben hablarle a sus hijos no solo del bien y del mal, enséñeles a respetar, a poder conversar y a compartir que no está mal quejarse cuando uno se cae, que el llanto le hace bien al cuerpo y alma.


La sensibilidad y el éxito del hombre del mañana en mucho depende de lo que hoy le puedan enseñar al niño de hoy. Solo así tendremos mejores hombres, capaces de comprender y compartir el dolor de sus mujeres, hijas y hasta de sus propias madres.

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