viernes, 29 de octubre de 2010

A corregirlos "en vivo" - L A ESTRELLA DE PANAMÁ

A corregirlos ‘en vivo’

JUAN B. MCKAY A.*

Realmente es una verdadera vergüenza, si así le pudiéramos llamar, a lo que se ve todos los días en los medios de comunicación social. No me refiero a la programación (eso requeriría todo un libro y no solo un artículo), sino a cómo hablan los presentadores de programas, invitados a programas, autoridades del gobierno y, lo más triste, maestros que diariamente deben enseñarles a nuestros hijos la forma correcta de expresarse.

Cada mañana nos vemos sometidos a ‘hunos’ del lenguaje que se paran frente a una cámara a supuestamente informar, comentar u opinar sobre noticias o sucesos que nos interesan a todos y masacran nuestro lenguaje con lo que dicen.

Es común escuchar los ‘hubieron’, ‘mas sin embargo’ o el funesto ‘dequeísmo’ que nos agobia. Pero no paran ahí, la semana pasada escuché a un diputado de la provincia de Bocas del Toro hacer referencia a que ‘nos trayieron’ tal y cual cosa. Se me revuelve el estómago cuando leo los ‘atravez’ o cuando se comen las ‘eses’, o cuando cambian ‘a ver’ por un ‘haber’ que no cabe.

Recientemente una presentadora del noticiario estelar de un canal de TV, comentaba que ‘estaría al pendiente’ de un resultado; ¿y qué decir si hay un reportero hablando en algún lugar donde hay ruido o música a su alrededor? Empieza entonces la animación de baile y la consecuente gritería. Lastimosamente nunca les enseñaron que no importa el ruido de ambiente, debe imperar el control y nunca gritarle al micrófono, éste debe recoger la voz de quien habla correctamente, de lo contrario debe exigir uno que sirva.

Y no sé cómo describir cuando los reporteros se refieren a ‘ciudadanos asiáticos’, como si ésta fuera una nacionalidad. Pregunto: ¿por qué no referirse a ciudadanos chinos, si eso es lo que son?

¿Qué podemos decir de aquellos comentaristas o presentadores de programas que invitan a una personalidad para hablar sobre un tema específico, pero no se toman el trabajo de leer información de referencia sobre el tema y, por considerarse ‘eminencias’ en todos los temas, improvisan tal cantidad de barrabasadas que dan pena.

Lastimosamente les pasa lo mismo a altas autoridades de todos los gobiernos; hasta ministros de Estado y presidentas se escuchan lanzando dardos a nuestro maltrecho lenguaje, a pesar del séquito de relacionistas públicos y asesores de imagen que contratan. Otro problema que tenemos los panameños, es que, por querer ser ‘diferentes’ o quizás más sofisticados, hemos creado un nuevo sonido y letra en el idioma. Hemos decidido cambiar la ch por las dos letras s y h juntas. O sea, decimos osho y leshe, en lugar de ocho y leche.

Más recientemente, como la nueva moda es transcribir al pie de la pantalla con el generador de caracteres lo que los invitados dicen en cámara en noticiarios y programas matutinos (lo cual de hecho me parece práctico), las ‘horrores’ ortográficos que se ven son tan grandes o a veces mayores que los que se oyen.

Ahora, me hago la pregunta: ¿qué pasaría si los presentadores de programas corrigieran in situ a los invitados que cometan estas aberraciones gramaticales? O viceversa, que los invitados corrijan a sus anfitriones. ¡Que les dé vergüenza y se preparen mejor!

No es justo que las nuevas generaciones sigan acostumbrándose a hablar y escribir de la manera que, quienes estamos llamados a servirles de ejemplo, abusamos de la rica lengua de Cervantes.

*COMUNICADOR SOCIAL.


http://www.laestrella.com.pa/mensual/2010/10/29/contenido/294406.asp

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