“Es la economía, estúpido” fue un eslogan político muy popular en la campaña presidencial estadounidense de 1992, que enfatizaba la importancia de las cuestiones económicas para los votantes.
Pareciera que una vez más, esta frase cobrará un valor
incalculable en la política de Estados Unidos de América y de paso del resto
del mundo. Esto, porque al ser la economía mas grande y tener uno de los
ejércitos más poderosos del planeta, lo que deciden en un par de oficinas,
tiene un impacto incalculable para todos los demás.
Desde el pasado enero, con el ascenso al poder de una
controversial figura en el “coloso del norte”, hemos visto que uno de los
órganos del estado ha estado como de vacaciones y su accionar ha sido
mayoritariamente para aprobar nombramientos hechos por el órgano ejecutivo. Lo
que implica que no esta funcionando el balance entre poderes que sugiere una
democracia plena.
Las políticas de aranceles anunciado por el presidente Trump,
han tenido un impacto bastante predecible, excepto por el círculo que rodea al
propio presidente, que pareciera estar compuesto principalmente por “yes
man/woman”. Los mercados internacionales se han visto perjudicados al punto que
muchos analistas se están preguntando si en algún momento en el futuro cercano,
se podría regresar a como estaban antes del anuncio que puso en práctica el
gobierno estadounidense.
La realidad es que tan pronto el jefe del ejecutivo anunció
que ponía en pausa la medida arancelaria por 90 días el pasado miércoles, los
mercados rebotaron de una manera tan significativa, que ha hecho que regrese la
esperanza a los mercados.
Sin embargo, paralelo a lo que estamos analizando, la
confrontación EEUU-China se mantiene y se incrementa prácticamente hora por
hora. EEUU está llevando este enfrentamiento a un punto en del cual se hará muy
difícil regresar sin tener que lamer heridas.
Si bien es cierto, el porcentaje no es balance 0, la realidad
es que producir cualquier cosa en EEUU sale mas caro que hacerlo en China, por
las razones que sea y no es un tema en el que me quiero meter en este momento. Hace
años comenté que, el mundo cambió, los únicos que no se han querido dar cuenta
de esto son los estadounidenses”. Hoy estamos “pagando el pato” de esa
ignorancia.
Hay que poner los pies sobre la tierra, aunque resulte muy
caro para los políticos aceptar cuando se equivocan. Desde el gobierno de
George W. Bush, los Estados Unidos de América se desconectó de la región donde
esta ubicada y se permitió que otros gigantes empezaran a llenar los espacios
que se dejaban vacíos.
Esto provocó que el continente que conocemos como América, se
viera forzado a buscar nuevas alianzas en Europa y Asia, como efectivamente
hemos visto la forma como los productos chinos que antes no eran tan confiables,
se han desarrollado ahora en el continente, incluyendo el propio EEUU.
La lucha por el reconocimiento de Taiwán como nación
prácticamente se perdió en este sector del globo, lo que ha hecho que, política
y diplomáticamente, la pisada china se haya profundizado. Sabemos de grandes
extensiones de tierra en Sur américa y en África donde este coloso asiático
cultiva, principalmente granos y vegetales, garantizando que, en caso de un
desastre natural en su nación, no se vean afectados en la alimentación de sus 1,500
millones.
Lo que va a suceder en el futuro inmediato, no se sabe, pero
es obvio que, ante los ojos del resto del mundo, el gobernante estadounidense
tuvo que dar su brazo a torcer y los chinos se mantienen inmóviles. La realidad
es que hay un juego de ajedrez de alto nivel desarrollándose que pudiera
tornarse peligroso, pues no creo que haya nadie que pueda asegurar cuál será la
próxima salida irracional del nuevo gobernante, que siento ha ido erosionando
esa mínima ventaja y apoyo con la que ganó las elecciones a finales del año
pasado.
Esta es una pelea entre “elefantes” y dice el dicho que
cuando estos paquidermos se enfrentan, la primera en salir afectada es siempre
la hierba. Por ende, como hierba que somos, es importante mantenernos lejos de
esa disputa sin sentido y en la cual no estoy seguro podrá salir airoso ninguno
de los dos.
Me reitero en mi predicción que, si la situación política
estadounidense se mantiene como esta en este momento, no veo al secretario de
estado manteniéndose en ese cargo por más de un año más y, veo al partido
republicano perdiendo el control del congreso estadounidense que hoy disfrutan.
Esto pudiera implicar que, a lo mejor, se conseguirían los votos necesarios
para un posible “impeachment” al actual presidente.
Lo que si es una realidad es que lo que queda del 2025, será
como estar montado en una montaña rusa sin tener un conocimiento claro de
cuanto tiempo dura la vuelta y mucho menos si llegará a un punto final de
satisfacción.
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