miércoles, 13 de febrero de 2013

Las Sandalias del nuevo Pescador


Corría el año 2006 y me correspondió asistir a una reunión anual de CIVITAS Internacional, organización que promueve la educación en democracia a nivel mundial, la cual se realizaría en Varsovia, la capital de Polonia.

Debo confesar que mi entusiasmo por visitar la tierra de uno de los hombres que más he admirado en mi vida, Karol Józef Wojtyła, más conocido como el papa Juan Pablo II, era comparable solo con la del niño que visitará Disneyworld por primera vez.

Viajé unos días antes de las reuniones, para poder visitar Cracovia, ciudad donde ejerció como obispo antes de ser designado cardenal en Roma. El magnetismo que se percibía cuando Juan Pablo II estaba cerca o en la televisión, pude percibirlo de la misma manera, cuando visité las instalaciones donde vivía.

Para mí (y para los efectos para una gran cantidad de católicos) Juan Pablo II fue “el mejor papa” que ha habido y aclaro que sólo he vivido durante el ejercicio 6 de ellos. Su influencia y accionar en la vida religiosa, política y de formación de carácter de millones de personas alrededor del mundo ha sido incomparable.

Por eso cuando muere, muchos sentimos  que la iglesia católica había quedado huérfana y que éste noble hombre era “imposible de ser reemplazado”, pues ninguno le llegaría a los talones.

Cuando el cardenal Ratzinger, arzobispo de Múnich y Freising, es electo como el sucesor de Juan Pablo II, al igual que muchos me sentí decepcionado, pues no sentía que éste nuevo papa me representaba ni tenía la estatura de su predecesor.

Para mi sorpresa, una vez llegué a Polonia, noté que éste país se preparaba para la visita de un papa alemán, en su primera visita a un país que no fuera el suyo desde que fuera electo. Para mis adentros, pensé: Que osado es éste tipo. Pero más me llamó la atención cuando me enteré que visitaría el campo de concentración de Auschwitz,  pues era un lugar donde los nazis habían eliminado a miles de polacos (y para los efectos a muchos europeos).

Tuve la suerte de visitar éste campo de concentración el día siguiente a la visita de Su Santidad y me sorprendió los comentarios que hacían los guías turísticos sobre la visita papal, pues para mi asombro, todas eran positivas e inclusive mis anfitriones polacos todos expresaban su admiración por el compromiso, expresiones y determinación de éste nuevo papa, que ofreció sus excusas por las atrocidades hechas durante la segunda guerra mundial y se arrodilló frente al paredón donde en un principio eran fusilados muchas de las víctimas de ésta guerra sin sentido.

Al día siguiente, junto a otros hermanos latinoamericanos, acudimos en grupo a la misa campal que ofrecía Benedicto XVI en Varsovia, pues asumíamos que no iba a estar tan llena, por la supuesta apatía de los polacos hacia éste “alemán”. Pues nuevamente me quedé con la boca abierta cuando nos dimos cuenta que lo más cerca que pudimos llegar fue como a 10 o 15 cuadras de donde habían ubicado la tarima principal. Un mar de gente super entusiasmada nos separaba del altar donde el “nuevo papa” daba la misa e impartía su bendición al pueblo polaco.

Horas después, escuché y leí sus palabras conciliadoras, de esperanza y de amor. Eran las palabras de un hombre inteligente, sesudo y gran pensador. Un nuevo líder había nacido en la iglesia católica y aunque seguía con mi pensamiento sobre el hecho que Juan Pablo II era irreemplazable, aprendí a reconocer y a respetar la autoridad y el tamaño de Benedicto XVI.

Hoy este hombre investido como el sucesor de San Pedro por sus pares, ha anunciado su intención de renunciar para retirarse a terminar sus días dentro de un claustro orando por sus hermanos. estoy seguro que éstos, han sido 8 años de un papado de transición. 

No todos los años nace un Juan Pablo II, como católicos apostólicos romanos que somos, debemos aprender a reconocer la voluntad de Dios, que nos ha permitido convivir bajo el liderazgo de un hombre que su humildad lo ha llevado a reconocer su incapacidad de seguir comandando la nave, tal y como se espera y en su divina inteligencia, ha tomado decisiones sin muchos antecedentes.

¡Nuestro papa Benedicto XVI ha optado por renunciar a su papado en cuaresma! Le pregunto a mis correligionarios a qué están renunciando ustedes por ésta cuaresma. A aquellos católicos que cuestionan las decisiones del papa, les pregunto: ¿es o no el sucesor de San Pedro a quien nuestro señor Jesucristo le dio la misión de ser la piedra donde se fundaría Su Iglesia?

Hermanos, los invito a practicar la misma humildad que practicó Jesús  y que hoy vuelve a enseñarnos el sucesor de Juan Pablo II, Juan XXIII y tantos otros que han ayudado a forjar la iglesia de la cual nos sentimos tan orgullosos.

Oremos por el papa Benedicto XVI, por los cardenales a quienes les corresponde escoger a su sucesor y por todo el resto de católicos para que intentemos ponernos las sandalias del pescador, hijo del carpintero y caminemos hacia nuevos derroteros de compromiso, trabajo y de mucha humildad.

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