miércoles, 25 de marzo de 2009

UN EJEMPLO DE VOCACIÓN

Este artículo no lo quisieron publicar en un diario de circulación nacional...

Debo asumir que como no era sensacionalista, no valía la pena.


Esta mañana, gracias a la maravilla del facebook, descubrí que había fallecido una gran mujer.

Hoy Panamá perdió a una de sus mejores educadoras….

Sinceramente no se que tantos honores se le rendirán, pero es una realidad que la Profesora Carmen de Paz, quien fue llamada a presentarse ante el todopoderoso éste fin de de semana, fue eso: una gran educadora.

No sólo una maestra, sino madre, acudiente, consejera, o sencillamente un oído que nos escuchara.

A los que tuvimos la fortuna de haber estudiado en el Instituto Pedagógico y en especial los que tuvimos la suerte de haber sido partícipes de su fundación, siempre tendremos a “Carmen de Paz” en un lugar muy especial de nuestros corazones.

Hace algunos años, la Profesora Carmen me recordaba con un gran cariño el hecho que cuando apenas contaba con 3 años de edad, llegué en mis pantaloncitos cortos frente a ella y le dije que mi nombre era “Ran Tatay”. Aún no había aprendido a pronunciar correctamente mi nombre…

Como ésta maravillosa mujer, luego de haber enseñado español, latín, manualidades y tantas otras experiencias que compartió con nosotros a tantos, podía luego de mas de 40 años, recordar éste tipo de anécdotas?

Quizás de la misma manera que recordaba el nombre y apellido de todos sus estudiantes. Quizás ése era su destino en la tierra y por eso Dios la premió no con un sino con miles de hijos.

¿Estricta? ¿Cariñosa?¿Ejemplar? ¡Siempre!

Era el tipo de maestra que hoy quisiéramos que nuestros hijos tuvieran. Aquel tipo de mujeres, que como mi mamá, eran maestras dentro y fuera del salón de clases. Eran médicos, sicólogas, chofer y hasta un poco alcahuetes.

Sus enseñanzas y consejos perdurarán en la mente de todos quienes, al igual que Yo, ocupamos un puesto en las aulas de nuestro querido colegio de Las Cumbres.

Hoy escribo éste artículo, pues ojalá y pudiera ser leído por muchos maestros y profesores que al verlo comprendieran el camino que a muchos se les ha perdido. Que vean en éste ejemplo de mujer una forma de vida, que les permita dentro de 40 años, que un grupo numeroso de alumnos, escriban artículos como éste.

Carmen de Paz, fue una educadora en todo el sentido de la palabra. Aquellas que si tenían que acompañar a un grupo a cualquier lugar, lo hacían sin quejarse. Que si había que corregir, no pestañeaba y que si se veía forzada a castigar, no lo dudaba, pues su integridad y rectitud no eran cuestionables.

No sentía que tenía había que ser popular para ser querida. Cuantos no la odiamos en un momento determinado de nuestro paso por la escuela, pero no mucho tiempo después, nos envolvíamos junto a ella en un sentido abrazo.

Hoy que el Señor Todopoderoso la llamó a su seno, debemos elevar una plegaria y sólo sentirnos tranquilos, que ahora en el cielo, donde sin dudas está, hay una gran educadora.

Que sirva de ejemplo a las nuevas generaciones de maestros y profesores, y que nunca se equivoquen pues el magisterio no es una profesión es un vocación.

Que Dios guarde en su gloria a nuestra querida Profesora Carmen de Paz.

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