miércoles, 20 de noviembre de 2024

POR UN MEJOR PANAMÁ

 


Día de la Patria. Todo es contento y

alegría. Hasta el mismo sol, desde el balcón de

Dios, ríe a carcajadas: carcajadas de luz.

Así inicia el poeta panameño Guillermo McKay su “Supremo Anhelo” donde retrataba el diálogo entre un patriota que había luchado por nuestra independencia en 1903.

Quiero pensar que se inspiró en su padre Don Oscar M. McKay quien, en su calidad de concejal, firmante del Acta de 1903, le había tocado inclusive esconderse durante los días previos al pronunciamiento de independencia y su posterior reafirmación popular en Cabildo Abierto, ante las posibles persecuciones y retaliaciones por parte del gobierno de Colombia.

Lo que se percibe del poema es ese amor que el patriota en lecho de muerte tiene por la tierra que lo vio nacer y por sobre todo su bandera, cuando le pide a su madre…

Si es cierto que me quieres tanto, tanto,

júrame por tu Dios glorioso y santo,

madrecita mía, que cuando muera

envolverás mi cuerpo en la bandera!

Este es el tipo de ciudadano que se ha ido perdiendo con el tiempo. Hemos sacrificado nuestro nacionalismo por elementos banales que ni nos representan, ni ofrecen valor alguno a nuestra nacionalidad, que tanto nos costó obtener.

Hoy nos toca vivir en una sociedad que prefiere bajar la cabeza a quien se cruza en la calle o en un elevador, antes de desearles unos buenos días. O el que solicita un favor como quien da una orden. En donde no se respeta el valor del ser humano, si no viene calificado gracias a la marca de un automóvil, un celular o de un animalito en la tetilla de una camisa.

Muchos dicen que se han perdido los valores, pero ¿hacen algo ponerlos en práctica ellos mismos? ¿Se toman el trabajo de enseñarle a sus hijos el valor de solicitar algo con un por favor? o, ¿dan las gracias cuando reciben algo?

Aprovechemos el mes de la patria, para conversar con nuestros descendientes sobre el significado de nuestra bandera, el valor del escudo nacional y resaltar la belleza de nuestra flor nacional, la flor del Espíritu Santo.

Pero los valores van mucho más allá que solo el promover un nacionalismo de conveniencia, que no debe confundirse con un “patriotismo de los bobos”. La lista de valores también incluye cosas tan esenciales como la honestidad, la puntualidad, la ética, la tolerancia, la lealtad y algo tan básico como debería ser el respeto.

Hoy 4 de noviembre se celebraba el Día de la Bandera, cosa que luego cambió al día de los símbolos patrios, ojalá a ningún diputado se le ocurra regresar y promover que se reconozca uno solo de nuestros símbolos. Hoy es un día para repasar esas enseñanzas que debimos haber recibido en las aulas de clase y complementarlas con valores cívicos y morales que tanta falta nos hacen.

En educación y en esto incluyo a los valores, se debe enseñar con el ejemplo. Ojalá pudiéramos recuperar el uso de la Urbanidad del maestro Carreño y que las lecciones de Cívica y las de Gobierno regresaran al currículo de nuestros estudiantes a todo nivel.

Quizás por allí pudiéramos iniciar la recuperación de una sociedad que anhela por el retorno de esos valores que nos enseñaron nuestros padres y abuelos y los mas jóvenes a conocerlos y ponerlos en práctica.

Necesitamos regresar a tener una sociedad más justa, donde haya certeza del castigo, donde no prevalezca la situación económica ni familiar de nadie por sobre cualquier otro y donde todos nos enorgullezcamos de esa patria por la que tantos hemos luchado desde 1821, cuando decidimos separarnos del Reino de España.

Panamá es de todos, no solo de los políticos. Es una tierra de libertad y de oportunidades, de la cual todos debemos sentirnos orgullosos de pertenecer.

Defendamos nuestra patria y como dijo el poeta Gaspar Octavio Hernández…

¡Bandera de la patria! Sube... sube

hasta perderte en el azul... Y luego

de flotar en la patria del querube;

de flotar junto al velo de la nube,

si ves que el Hado ciego

en los istmeños puso cobardía,

desciende al Istmo convertida en fuego

y extingue con febril desasosiego

¡a los que amaron tu esplendor un día!  

Y miramos para el otro lado…

 

Así como el religioso alemán Niemöller durante la 2a guerra mundial, que enunció:

Primero vinieron por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista.

Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío.

Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre

en Panamá nos hemos acostumbrado a que, cuando nos damos cuenta que algo malo está pasando, preferimos mirar para el otro lado para no “meternos en problemas”, pero cuando regresamos a nuestra zona de confort, nos convertimos en expertos “opinólogos”, inclusive repitiendo las mismas imprecisiones que leen o escuchan en redes, aunque estén conscientes que pudieran ser falsas.

Esta es una mala costumbre que hemos venido practicando hace mucho tiempo y que nos hemos llegado a convencer que todos debemos crear y defender una republiquita.

Por ejemplo, sabíamos ha habido diputados que se han enriquecido desmedida e injustificadamente, pero decidimos mirar para otro lado.

Sabemos que hay quienes cobran sin acudir a laborar y preferimos mirar para el otro lado.

Sabíamos que había gobernantes que aspiraban a ser “los hombres mas ricos de Panamá” a costa del erario, pero preferimos mirar para el otro lado.

Estamos conscientes que había gobernantes que ganaban comisiones de las obras públicas, pero preferimos quedarnos callado y peor aún, mirar para el otro lado.

Sabemos que hay comerciantes o empresarios que explotan a sus colaboradores, pero preferimos mirar para el otro lado.

Vemos como hay “juegavivos” que se cuelan en las filas de pensionados en bancos y otros establecimientos u oficinas, pero preferimos mirar para el otro lado.

Sospechamos que había jurisconsultos que “vendían” fallos en perjuicio de las grandes mayorías, pero seguimos prefiriendo mirar para el otro lado.

Vemos cotidianamente a conductores que están convencidos que tienen más derechos que los demás, se pasan por encima de líneas viales que indican prohibición, para pasar por delante de quienes hacen la fila de manera ordenada, como sucede a diario en la esquina de Niko´s Café sobre la Vía Israel, por poner solo un ejemplo, pero preferimos mirar para el otro lado.

Nos topamos con personas que están convencidas que, no están para ofrecer un servicio a quienes les toca atender en restaurantes, almacenes u oficinas públicas, sino que están convencidos que le hacen un favor a quienes indirectamente, pagan su salario. Pero seguimos mirando para el otro lado.

Nos disgustamos cuando un oficial de policía nos ofrece “resolver” antes de imponer una multa, que sabemos que nos merecemos, pero antes de pasar por el suplicio que el protestar por eso acarrea, preferimos caer en las malas prácticas y mirar para el otro lado.

Es ilegal que una persona se ponga un chaleco color naranja o verde y con un palo en la mano te exija pagarle una suma elevada por “cuidar tu vehículo”, pero a pesar que sabemos que no está autorizado para hacerlo, miramos para el otro.

Sabemos que no existe razón justificada para que una medicina en Panamá cueste 3, 4 o hasta 10 veces lo que cuesta el mismo medicamento en países vecinos pero, aunque nos duela el bolsillo, preferimos mirar para otro lado.

Habrá quienes justifican su actitud permisiva y excesivamente tolerante, al hecho que somos “una sociedad pequeña” y todos somos familia, por ende, nos hemos acostumbrado en que nos molesta la corrupción mientras no nos incluyan en los negocios.

Apenas nos tiran el hueso que quedó luego que se comieron la carne, nos vestimos de carnaval y bailamos en una alegre comparsa. En ese momento decidimos mirar para el otro lado.

Del otro lado, hay organizaciones, como el capítulo de Panamá de Transparencia Internacional, Espacio Cívico, La Comisión Nacional Pro Valores Cívicos y Morales y otras más, que llevan mucho tiempo denunciando lo mal habido, las patrañas para ganarse contratos, la sinvergüenzura, los juega vivo y toda la falta de valores que sabemos que existe. Pero, en vez de sumarnos a ellos, es preferible criticarlos o no ayudarlos, o mejor aún, mirar para otro lado y que “siga el fiesto”.

Ser ciudadanos implica no solo salir a votar cada 5 años. La democracia requiere de personas que quieran a su país. Que escojan denunciar lo que hay que denunciar y no seguir siendo parte de la corrupción que nos tiene empobrecidos y rodeados de una miasma que cada día se dificulta más en erradicar.

Dejemos de mirar para el otro lado para que después no nos tengamos que lamentar, como hoy lo hacen otros países vecinos de nuestro continente.

ÉPOCA DE CACERÍA

  Muchos vimos con un asombro poco acostumbrado, el homicidio de un alto ejecutivo de la industria de seguros en los Estados Unidos de Améri...