lunes, 6 de noviembre de 2023

No queremos que nos vean las caras de p...

Durante más de una semana, quienes vivimos en este pedacito de tierra, hemos sido testigos de aquella explosión social a la cual me referí en varios de mis artículos anteriores. Al igual que para tantas otras cosas, algunos descalificaron mi pronóstico, otros, sencillamente estaban en “El Olimpo” y no le prestaron la atención que debieron. Hoy no saben qué hacer…

El país está en una encrucijada. Por un lado, al gobierno lo amenazan con demandas multimillonarias; por otro lado, miles de personas, en su mayoría jóvenes, siguen llenando las principales vías a nivel nacional en marchas y protestas donde lo que más se escucha son consignas en contra del gobierno central y de nuestro presidente. Y hay un tercer frente, que como se ha convertido en costumbre, recurre a la manifestación no pacífica, que cierran calles, encienden llantas, cortan árboles y hasta cobran “peaje” a los que se arriesgan a pasar por lo improvisados retenes. Por alguna razón, en alguna forma, me recordaron a los tongos en quincena.

Lo malo de todo es que “alguien” ha logrado infiltrar dentro de las marchas pacíficas de los jóvenes que “salieron de las redes”, a desubicados sociales (no sé de qué otra forma llamarlos), que se han dedicado a disparar pistolas, sacar cuchillos, a robar y a asaltar locales y personas que, de manera pacífica, nos han hecho evocar las caminatas y la lucha de la Cruzada Civilista.

Irónicamente, en algunos casos robaron dentro de locales comerciales y restaurantes que les sirven a ellos mismos. O sea, los maleantes robaron para perjudicarse ellos mismos. Al igual que los:¿Qué hay pa’ mí?, que reciben una bolsa de comida o 20 bloques hoy, pero se la pasan con hambre los próximo 3 o 4 años. Ojalá hayan aprendido la lección.

Hoy me quito el sombrero por esos jóvenes (y algunos no tan jóvenes) que vi la semana pasada de manera espontánea, sin que nadie les ofreciera transporte ni plata; salieron a desfilar en todo el país exigiendo, originalmente un “pa´tras” al contrato minero y sin querer queriendo como dirían en el inolvidable Chavo del 8, se sumaron todas las demás cosas que se habían mantenido guardadas en la cabeza, en el corazón y hasta en el estómago de muchos.

Afloraron los respiradores, el encierro innecesario, el abuso policial, el abultamiento de la planilla estatal, el incremento del desempleo, las botellas de whisky caro, las fiestas y comilonas de los ministros, mientras en “congolandia” solo se comía una o dos veces al día y tantas otras cosas que, para señalarlas, necesitaría un espacio similar al de todo el artículo.

Nuestros gobernantes se convencieron de que a través de la represión, callarían las voces que sufrían. No se preocuparon mucho por ayudar a la micro y pequeña empresa a recuperarse, bueno excepción hecha de los que venden duros, ¿verdad? De la misma manera que se han convencido de que los panameños olvidaremos todo lo que ha sucedido durante fiestas patrias.

¡Qué equivocados que están! ¿Verdad?

Como ha sido costumbre en este desgobierno, no prevén las consecuencias de sus acciones. Los desfiles patrios son la forma en que los estudiantes y las llamadas bandas independientes le rinden un homenaje a Patria. De cancelar estos, faltan a otro deber. ¿Será que tienen miedo a que las delegaciones les inflijan un desplante? Bien merecido lo tendrían.

Los mensajes presidenciales, tan cuestionados como su protagonista, no han servido más allá que para echarle gasolina a los fuegos. El del pasado domingo, duró menos de 2 minutos, pero ha causado más dudas que aclaraciones. Producto de este, han surgido cuestionamientos tan variados como la biodiversidad panameña. El gobierno pretende hacernos creer que hay un trasfondo político detrás de las protestas y de las posturas nacionalistas de los que marchan.

La realidad es que me atrevo a asegurar que todos los panameños estamos ávidos de que llegue el 5 de mayo, pero esto es producto del hartazgo ciudadano, por la violación de derechos y por los acumulados abusos que hemos sufrido en los últimos años.

El país se merece mucho más que lo que estamos viendo. Tenemos un gran país por el que vale la pena luchar. Encontrémonos en el medio. Apartemos el orgullo, reconozcan que se equivocaron y que los panameños no estamos dispuestos a que nos sigan viendo la cara de pendejos.

El autor es analista político y activista cívico

Este artículo fue publicado originalmente en el diario La Prensa el martes 31/10/23

viernes, 3 de noviembre de 2023

SUPREMO ANHELO

 

 

Día de la Patria. Todo es contento y

alegría. Hasta el mismo sol, desde el balcón de

Dios, ríe a carcajadas: carcajadas de luz.

Las flores esparcen su aroma más enervante;

los ruiseñores dicen sus cantos más harpados,

sus melodías más ARMONIOSAS. El pueblo, ebrio

de entusiasmo, recorre las calles de la ciudad

dando vivas a la magna fecha clásica...

A lo lejos una banda de música desgrana

la perlería sonora del Himno Nacional...

Sin embargo, en la triste soledad del conventillo,

agoniza un patriota que luchó en las guerras

de la independencia... Habla.

Cerca del lecho, una anciana lo escucha anhelante...

Lágrimas de dolor surcan su rostro...


¿Qué diría hoy, de esa patria por la cual luchó el renombrado patriota del poema “Supremo Anhelo”?

Todos los 3 de noviembre comparto esta poesía escrita hace muchos años por el Teniente BH17, mi Tío Guillermo McKay, como un ejemplo de lo que el patriotismo y el amor de patria debe ser.

Hoy es un día que, a pesar de las tradicionales nubes y lluvias del noviembre panameño, aunque tenue, el sol ha brillado en los corazones y mentes de muchos panameños. Hoy es un día lleno de todas esas cosas que aprendimos en las clases de cívica y de gobierno que nos impartieron en las aulas de clases, bueno, las de antes….

Hoy muchos jóvenes silenciaron las lenguas que les reclamábamos jugar el rol que les correspondía. Esos jóvenes que, de manera responsable, ordenada y sin organización establecida, se tomaron las calles para, como lo hicimos muchos hace casi 40 años, decir un ¡BASTA YA!

Jóvenes que han crecido amando la patria que los vio nacer. Pero que tienen algo que no tuvimos los participamos a finales de los 80: Conciencia ecológica. Hoy los jóvenes se preocupan por el medioambiente y utilizan palabras como reciclar y reutilizar, de las cuales nunca habíamos escuchado los que luchamos por la justicia, democracia y libertad en las grandes marchas blancas.

Hay los que han utilizado la nueva plataforma de lucha para hacer política, criticando a algunos de los gobernantes desde Cuchungo, sin reparar en que, para ellos, al igual que los jóvenes de antes, el cambio climático, salvar el planeta y todos los nuevos conceptos, eran desconocidos.

Hoy la “banda de música no desgranará la perlería sonora del Himno Nacional”, sin embargo, se han escuchado miles de voces que al unísono las han entonado en la mitad de la Cinta Costera, Plaza 5 de mayo, debajo de puentes y hasta desde los apartamentos por donde han desfilado estos jóvenes acompañados de algunos no tan jóvenes.

Hoy somos miles que les hemos rogado a nuestros gobernantes que nos representen dignamente. Que ejerzan esas responsabilidades y que cumplan los compromisos que adquirieron cuando se juramentaron frente a un pueblo que sigue exigiendo justicia, libertad y democracia.

Hoy debemos enterrar las rivalidades, las divisiones, la envidia y la apatía. Hoy debemos hacer como el patriota en su lecho de muerte... Exigir lo más sagrado que tenemos los patriotas: La Bandera. Y unidos todos detrás de ella, empezar a trabajar por la reconstrucción de ese tejido social que necesitamos y que la patria nos demanda. No bajemos la guardia, pero que lo humano prevalezca sobre las ideologías. Que hoy prevalezca la justicia y la razón. Ese es nuestro SUPREMO ANHELO.

 

Se me escapa la vida... Un denso velo

oculta a mi mirada el claro cielo...

Mira, un frío de muerte estoy sintiendo...

Me voy... Adiós... Adiós... Me estoy muriendo.

Pero escúchame, madre... Antes que muera...

Sí, madre... La bandera... Mi bandera!

 

Ha muerto el patriota. Llora la madre desconsolada.

Afuera, en la calle, la multitud alegre,

al son del Himno Nacional, grita al unísono:

"¡Viva el 3 de Noviembre!"...

 

 

¡QUE VIVA PANAMÁ!

martes, 5 de septiembre de 2023

LA DOBLE M

La doble M

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Los panameños somos muy dados a criticar todo lo que desconocemos o riña contra nuestra forma muy personal de pensar. Pero nos enojamos y empieza la descalificación si alguien hace lo propio con nosotros.

Por alguna razón que desconozco, nos llegamos a convencer que todos somos igualitos y cortados con la misma tijera. En ese sentido, permítame decepcionar a varios: no somos iguales, ni todos somos parecidos. Yo tengo buenas amistades con orígenes chino, árabe, anglosajón, africano, indio o la mezcla de algunas o todas las anteriores, que tienen más de 3 generaciones de ser panameños. Y pregunto: ¿Alguno se sentirá con más derecho que el otro para imponer su criterio o credo?

Lo malo de todo esto que cuando alguien dice o hace algo que coincide con nuestra forma de pensar o con la forma en que fuimos criados, lo vemos como que “hace lo correcto”. Como si el papel higiénico trajera un libro de instrucciones que diga que debe salir por arriba o por abajo. Pero criticamos a quien lo haga diferente a nosotros.

Con esto en mente, hay quienes sienten que tienen más derechos que otros. Así, vemos a personas en las filas de los supermercados con 12 o 13 artículos en sus carretillas y de manera “de lo mas natural” se paran en la fila de “10 artículos o menos”. Total, solo tienen 2 o 3 artículos de más, ¿verdad?

De igual manera he viajado con personas que critican a los que, por ejemplo, en la carretera Panamá-Arraiján, critican a aquellos que utilizan el “tercer carril” que no existe, pero el día que van tarde para una reunión, se sienten empoderados a usarlo, pues ellos van tarde.

Otro ejemplo notorio es que todos criticamos a los que nos pasan en los corredores o autopistas, excediendo la velocidad límite, sin embargo, cuando un policía detiene a ese mismo que critica, resulta que el agente de tránsito debería perdonarle la “boleta”.

Y otro más común aún, es cuando les enseñamos a nuestros hijos que siempre hay que decir la verdad, pero les pedimos que le digan a las famosas culebras que no estamos en la casa cuando preguntan por nosotros.

Bueno, ahora les revelo el contenido de la “doble m” que nos es más que la Doble Moral con la queremos comportarnos cuando nos conviene. O sea, depende de...

Hace algún tiempo le relataba a alguien más joven que yo, que durante la época de la dictadura militar, cuando uno de estos nuevos ricos llegaba a un restaurante y todos sabían que iban a gastarse dinero mal habido o robado al pueblo, el resto del restaurante empezaba a hacer sonar los vasos o copas con sus cuchillos, hasta que, el ruido era tan molesto que el “rechazado”, se veía forzado a retirarse; aunque me tocó ver a un par de descarados que no se fueron.

Lo más triste es que ahora, a los sinvergüenzas que siguen los mismos pasos de asalto al erario público, no solo no son rechazados ni expuestos ante el escarnio público, sino que los saludamos, abrazamos y los invitamos a sentarse en nuestra mesa, los invitan a comer y les proponen algún negocito.

Eso me lleva a recordar aquella frase que reza algo como: “sabemos que es un ladrón, pero es nuestro ladrón”. Nuevamente, entra en juego la doble moral. ¿Es este el ejemplo que debemos dejarles a nuestros hijos? No lo creo. Decía mi mamá que “el mono, aunque se vista de seda, mono se queda”.

No podemos seguir practicando esa doble moral. Esta debe ser erradicada, más que de nuestro vocabulario, de nuestra práctica. Y es así como vemos a varios defendiendo lo indefendible en la Asamblea Nacional y “pactando” favores para conseguir esos negocitos a los que me refería antes, cuando de verdad están vendiéndole el alma al mismo diablo.

Abramos los ojos, seamos honrados no sólo con nosotros sino con quienes amamos y a quienes les queremos legar un mejor Panamá, que en el cual nos ha tocado vivir. La honradez y el respeto deben ser 2 de los pilares que deben regir nuestras vidas y arroparnos con la propia integridad, que no es más que hacer lo correcto cuando nadie nos ve.

El autor es analista político y activista cívico

lunes, 21 de agosto de 2023

El que quiera conocer a Panamá....

 

Hace muchos años, para no entrar en detalles de la historia nacional, alguien hizo famosa la frase con la que se intitula este artículo de opinión. Y no es que necesariamente asevero que es lo que está pasando en la actualidad, muy por el contrario, pero…

Sin embargo, hay quienes pareciera que están haciendo todo lo posible por lograrlo. Lo más triste es que esas personas tienen audiencia y, como las focas, aplauden cada vez que hacen una gracia.

Tratemos de hacer un análisis que, aunque superfluo, nos debería poner a pensar hacia donde caminamos y hacia donde nos están llevando un grupo de personas, que no buscan el bien o beneficio común, sino engrandecer el bolsillo propio.

Estas son personas sin escrúpulos que se han acostumbrado a vivir del famoso “que hay pa´mi” o del “que e lo que e”, estribillos que cobran gran importancia durante las campañas políticas. Y esta que estamos viendo se siente interminable. Son personas que no les importa comprometer a sus familiares, cercanos o no y hasta sacrificarlos de ser necesario, con tal de amasar fortunas, pensando que con esto adquieren reconocimiento, prestigio y distinción.

La realidad es que, en gran parte, somos nosotros mismos, quienes hemos propiciado esta conducta, pues ya sea que votamos por estos sinvergüenzas o los invitamos a ser sus socios en los negocios que nos ofrecen, porque “si no lo hacemos, nos quedamos por fuera” o el “si no lo hago Yo, alguien más lo va a hacer”.

Es aquí donde mas recuerdo con añoranza, las enseñanzas del famoso librito de la Urbanidad de Carreño y de las clases de estudios sociales de las escuelas primarias, por lo menos de mi época, donde los maestros y profesores nos hablaban de Valores y nos los enseñaban con el ejemplo.

Y no estamos solos… Y no es por ningún extraterrestre que nos viene a visitar o nos saluda desde la nave espacial que vio el militar estadounidense recientemente. Si miramos a nuestro alrededor y hacemos un conteo nos damos cuenta de que los problemas que estos tipos de comportamientos acarrean, son la raíz de los gobiernos populistas que rigen o han regido recientemente varias de nuestras naciones vecinas.

Para muestra varios botones: Brasil, Venezuela, Colombia, El Salvador, Nicaragua, México y hasta los Estados Unidos de América vivió su episodio recientemente. Gobiernos populistas y en gran parte absolutistas. Ningún extremo es bueno, ya está súper comprobado.

Y aquí entonces entramos en que si son de izquierda o de derecha. Quienes defienden los derechos de todos te dirán que se alinean hacia la izquierda (desde la centro izquierda hasta extrema izquierda). Los que defienden la forma de vivir “exclusiva” de cómo hemos vivido hasta ahora, se alinearán en los diferentes matices que ofrece la derecha (centro derecha hasta la extrema derecha). Unos acusan a los otros de ser demasiado progresistas (descalificación que a mi juicio no ofende, mas que a los que la profieren) por un lado y retrógrados, talibán y excesivamente conservadores por el otro.

Me cuesta entender por qué la nueva moda es descalificar a quien difiere de nuestra forma de pensar. Extraño los buenos debates, no solo en la asamblea nacional y municipios sino hasta en las plenarias de los clubes cívicos y gremios empresariales y laborales.

Los que no creen en la educación, nos están llevando a un enfrentamiento permanente, que no nos conduce a ningún lugar saludable, más allá de la intolerancia y la falta de respeto que vemos constantemente en la calle, lugares de trabajo, parques, hospitales y hasta en los restaurantes.

Contaba mi abuela que hace muchos años, el primero de los 3 veces Presidente de la República, decía en un discurso: “Pueblo Panameño, ustedes son un pueblo bruto” y quienes lo escuchaban gritaban “Viva el Dr. Porras”. Se que los niveles de educación no son muy buenos en Panamá y que seguramente la pandemia y las decisiones del doctongo no ayudaron mucho a evitar que mas niños y jóvenes aprendieran lo que debieron y pudieron haber aprendido, pero me niego a aceptar que somo un pueblo bruto.

Como panameño que he dedicado una vida a luchar por la libertad, justicia y democracia, que desde las filas del club cívico y los gremios a los cuales pertenezco, he luchado por promover y practicar los más altos valores cívicos, éticos y morales, me niego aceptar que la decencia y éstos valores vayan a sucumbir ante la vulgaridad, la chabacanería y las cosas que riñen contra las buenas costumbres (las de todos, no solo las que Yo practico).

Desde esta trinchera los convoco a no desfallecer y por el contrario a luchar con más ahínco, pues los grandes ganadores serán nuestros hijos y nietos y por ende nuestra bella Panamá.

Este artículo aparece publicado originalmente en el Diario La Presa, del día 21/8/2023:
https://www.prensa.com/opinion/el-que-quiera-conocer-a-panama/

martes, 14 de marzo de 2023

¿Qué podemos esperar ahora los panameños?


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Recientemente, el expresidente Ricardo Martinelli fue incluido en una nefasta lista, que incluye otros “colegas” expresidentes de países que, según las instancias estadounidenses, han utilizado su posición para cometer actos de corrupción.

Hace unos días atrás, cuando compartí parte de mi análisis de la situación política en Panamá, fui tildado de adivino y, al no encontrar nada para rebatir mi análisis, trataron de descalificarme, como se ha convertido en costumbre en un país, donde el debate se ha ido debilitando (por no decir perdiendo) en los últimos tiempos.

El anuncio del secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, es un preaviso sobre medidas más severas que se le podrían imponer no solo al expresidente de marras y sus familiares cercanos, sino a los negocios donde tenga o se sospeche que tiene participación.

Este tema podría ser catastrófico para un pequeño país como Panamá, donde la riqueza está tan concentrada y donde se desconfía de todo el mundo.

Hoy, varios aplauden las medidas adoptadas por Estados Unidos de América, pues consideran que la propia justicia panameña no ha podido lograr sanciones en su contra. Creo que es justa esta preocupación porque, entre otras cosas, mientras el expresidente fue residente de un centro de reclusión allá, no se reportó que le diera ni un resfriado, pero apenas llegó a Panamá, supuestamente le cayeron todas las dolencias típicas de un hombre de su edad y algunas más, todas certificadas por galenos debidamente acreditados. Por esto, sus adversarios políticos y gran parte de la población aplaude la acción del gobierno estadounidense, tal cual lo han hecho en los otros países donde se han adoptado acciones similares con otros exmandatarios, algunos todavía privados de su libertad.

Yo estoy convencido que el exmandatario está consciente que no debe ser candidato en mayo de 2024, pero eso lo lleva a otra encrucijada; debe ceder su intención de liderar una alianza para proteger su principal interés: sus inversiones. También debe estar pensando que él no tiene un “heredero político” que pudiera ser apto para liderar esta alianza, la cual más que desear, necesita para poder tener alguna oportunidad de triunfo en las elecciones del 2024 y así “garantizar” un seguro que le permita no convertirse en residente de un “renacer”.

De ahí el lenguaje corporal que mostró la noche que llegaron sus hijos a Panamá, cuando salía apresurado de las instalaciones del aeropuerto de Tocumen. A mi juicio, ya conocía el contenido del mensaje del gobierno estadounidense. No me quiero ni imaginar lo que pasó en el automóvil en el que viajaba y lo que ocurrió después, cuando llegó a su residencia o a donde sea que se dirigía a esa hora.

La realidad es que la perspectiva y las opciones políticas en Panamá siguen tan oscuras como estaban al inicio del año. Aprovecho para reiterar un pensamiento que, si bien es cierto, no es mío y lo acojo totalmente: no discutamos con familiares y amigos por los políticos. Al final del camino, esos políticos se sientan todos juntos a tomar un trago y así arreglan sus diferencias.

Lo que debemos hacer es trabajar para fortalecer nuestra ya maltrecha democracia, cavilar sobre cuál es el futuro que queremos dejarle a nuestros hijos y nietos, pues el panorama y posibles resultados que se ven en este momento no son muy halagüeños.

Concentrémonos en fortalecer las instituciones y no a las personas.

Todos deberíamos querer tener ‘Sangre Azul’

 


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Inicio confesando que soy fanático del programa de la televisión estadounidense “Blue Bloods” que se traduciría literalmente como Sangres Azules al español, el cual trata sobre una familia de ascendencia irlandesa en Nueva York, en la que la gran mayoría de sus integrantes son o han sido parte de la policía o de la Fiscalía General de la ciudad.

Más que ser un programa de policías, de bomberos o de médicos, como los que se han popularizado últimamente, es un programa que combina magistralmente valores religiosos, cívicos y morales. Por encima de la violencia que pudiera percibirse en algunos capítulos de la serie, se destaca el valor de la familia que funciona, al igual que en la tradición escocesa, como clanes. O sea, familia extendida.

Dentro del programa, que se transmite desde la temporada de 2010, se detectan personajes como un abuelo viudo, un padre que es el actual comisionado de la policía y varios hijos con caracteres diferentes, así como sus respectivas parejas e hijos.

Si me preguntaran, tendría que resaltar el valor de la ética que imprimen todos los personajes. A diferencia de algunos de los criollos que detienen injustamente a conductores aduciendo exceso de velocidad, o los que improvisan retenes o “controles” o como los quieran llamar y donde la violación de la ley es un negativo tan grande, como el deseado por los que hemos sufrido del covid-19 en algún momento.

Varios de los capítulos del programa que he visto, muestran casos de narcotráfico, migración, abuso familiar, tráfico de personas y otros que hacen de la serie una divertida y relajante oportunidad de ver un programa sin abusos. A pesar de que las protagonistas mujeres son espectacularmente bellas, no se abusa del tema sexo ni se menosprecia a la mujer.

La verdad es que refleja una realidad de la ciudad que ha sido reconocida por ser la “capital del mundo”, donde residen personas provenientes de casi todos los rincones de un mundo “complicado”, pero una ciudad que siempre ha tenido ese encanto que hace que uno quiera regresar.

Si estos habitantes del mundo han logrado convivir en la “gran manzana” que también tiene sus altas y bajas, ¿por qué será que no logramos superar las barreras, el extremismo, la intolerancia, la falta de respeto y la deshonestidad que nos agobian en muchos de nuestros países, pero cuando vamos a estas exuberantes metrópolis nos ajustamos a sus reglas y condiciones?

Si hacemos un paralelismo con cosas que suceden en algunos países, en el programa vemos a un alcalde que le pide “favores” al comisionado, políticos locales que quieren abusar de la condición de su posición para darle la vuelta a un sistema que a veces permite que la sinvergüenzura prevalezca sobre la verdad y la integridad de funcionarios.

Sin embargo, vemos a los miembros de la familia Reagan que levantan la cara, afrontan sus responsabilidades con honor. No sucumben ante pandillas, políticos, amigos o vecinos, a veces pagando las consecuencias de esta rectitud. Me imagino que habrá quienes dirán que “igualito que en mi país”. Y eso me recuerda esa valiosa frase que reza: Integridad es hacer lo correcto cuando nadie nos está viendo.

A mí me gustaría ver un cuerpo de policía en Panamá que respete al ciudadano, que valore la vida, que proteja los derechos de los panameños y extranjeros que residen aquí; que valore a la comunidad que paga sus grandísimos salarios y que sobre todo practique esos valores cívicos, éticos y morales que deben regirnos a todos, pero mas a ellos que como “agentes del orden público”, porque no son autoridad competente (salvo ciertas excepciones en momentos específicos), deberían comportarse de manera ejemplar.

Los panameños no queremos regresar a la nefasta época de la dictadura militar que desgobernó a Panamá por tantos años. Queremos una fuerza policial con valores. Que pueda combinar la ética, el respeto y la honestidad, con la mano firme para luchar contra el crimen, no sumarse a él. Queremos tener el derecho de poder caminar en una ciudad segura y donde, los empresarios, no tengan que pagar una “cuota de seguridad”, ni regalar comidas, ni pagar adicional (como sucede en partidos de fútbol o conciertos), para que ellos y sus clientes se sientan seguros y podamos retomar el estilo de vida que se tuvo otrora en este bello país.

Casi todos los programas finalizan con la familia, cualquiera sea su composición, sentados, agradeciendo por los alimentos que van a recibir, mientras se felicitan o reprochan, con el respeto que todo “buen padre de familia” debería tener. Ojalá también, como buenos ciudadanos pudiéramos recuperar algunas de esas buenas costumbres que, como comer todos juntos, aprendimos de nuestros abuelos. Así también hacemos grande a Panamá.

¡Me quiero bajar ya!

 


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En casi todas las reuniones donde he coincidido con amigos, los tema del día son la política y el futuro de Panamá. En pocas ocasiones escucho a alguien hablando con optimismo del futuro del país. 

Esto es peligroso, pues de tanto decir que la cosa está mal, nos lo vamos a creer; así como se ha creído que puede repetir, el que decía que “tendría más plata que Stanley”, que pedía que logolpearan a él y que ojalá se encontrara con su “cuco” enfrente para “sacarle la ….” y adivinen qué: terminó lejísimo de la fortuna del patrón, cuando apenas lo “tocaron” corrió a esconderse y luego a “cubrirse” con cuanto certificado médico pudo encontrar y cuando tuvo a su “rival” enfrente, le salió huyendo, como el cobarde y charlatán que es.

En carnavales vimos a quienes no les importó las restricciones que había impuesto el Tribunal Electoral y vimos sus fotos y nombres hasta en los carros alegóricos de las reinas. Quiero confiar que el Tribunal Electoral (TE) y la Fiscalía Electoral, harán su trabajo y multarán ejemplarmente a quienes no respetaron las reglas del juego.

En otras esferas se habla de la economía en Panamá y la clase de finanzas que encontrará quien resulte electo en las elecciones de mayo de 2024. Hay preguntas sobre si perderemos el grado de inversión. ¿Qué va a pasar con el programa de IVM de la Caja de Seguro Social? y, si los pensionados seguirán cobrando o no. ¿Habrá que emitir más deuda y si esta nos costará más cara que antes?

También hay quienes preguntan que si no pudieron controlar la “inversión” de los políticos en los carnavales, que nos garantiza que lo podrán hacer para las elecciones y que se cumpla el código electoral.

Todo esto se suma a la incertidumbre que se ha sembrado sobre quienes serían los elegidos para convertirse en posibles candidatos presidenciales. Y digo posibles, pues los partidos tendrán luego de electos, unos 2 o 3 meses más para “negociar” alianzas, lo que pudiera significar que la oferta de candidatos pudiera verse reducida a un puñado de nombres.

Creo que en este momento nadie tiene nada seguro. Hay un candidato que, a pesar de que su partido le ha “garantizado” la candidatura, pudiera verse sorprendido, pues muchos de sus miembros han manifestado desconfianza en su capacidad de liderazgo real y pudieran considerar otro candidato, inclusive fuera del partido.

Otro de los partidos, pareciera que, como decía mi hermano Justo Fidel Palacios, debe superar una pelea inicial de 10 rounds, para luego ir a pelear otra de 12 rounds y finalmente buscar el campeonato en una de 15 rounds (ya sé que no existen más). Lo bueno es que todo parece indicar que una vez con el título en la cintura, se le sumarían un excandidato con un partido debilitado y posiblemente un par de las “bisagras”. La diferencia en esta ocasión sería que, una de esas bisagras pudiera estar más aceitada que las demás.

Entre los mal llamados independientes, lo más probable es que los 3 ganadores de la lotería a la que los ha forzado el TE, vengan de partidos políticos; un 4° podría ser sorpresa. La libre postulación se ha convertido en un calvario para quienes aspiran a una candidatura por esa vía, pero aún así, la cantidad de personas que han firmado, superó lo que muchos predecían; esto reafirma el hartazgo que existe hacia los partidos tradicionales de parte de un segmento importante de la población votante.

Tengo el “presentimiento” que de estos 3, lo más probable es que por lo menos uno o dos no terminen la carrera del 5 de mayo; en la forma como fue diseñado el sistema, llegar será casi como ganarse el “Megamillions” de la lotería de Estados Unidos. Paralelamente hay otro candidato que no lo veo haciendo alianzas y por ende con problemas para ganar.

Aún así, el año electoral llegó con el año nuevo y con incertidumbre por el futuro de nuestra querida Panamá. Y, la pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿De verdad es necesario este desgaste?

No sabemos a ciencia cierta ni siquiera cuantos somos, gracias al que quiere meternos la mano en el bolsillo, pero les garantizo que la mayoría de los panameños en los 4 días de desenfreno previos a la cuaresma de los católicos, ni pensaron en quienes serán los próximos presidente, diputados, alcaldes o representantes, y que recibirán un país lleno de problemas y que estos deben regirnos en búsqueda de una mejor educación, una mejor salud y mejores oportunidades de empleo.

Panamá está como uno de los carruseles en que nos montábamos de chicos, con los caballitos dando vuelta velozmente y, sinceramente, como varios, ya me quiero bajar

UN PAPA PARA TODOS

  La desaparición física del Papa Francisco logró que, los cerca de 1,600 millones de católicos en el mundo nos olvidáramos, aunque sea temp...